lunes, 22 de octubre de 2012

Pedro: un sujeto cabal


Por: Trinidad Sanchez-Biezma de Lander. Psicoanalista

Muchas veces encontré la frase: el niño un sujeto cabal y me preguntaba a qué se refería Lacan con esta afirmación. Luego en el tiempo me resonó la afirmación como avalando el trabajo con niños que no de niños, puesto que esta de impone una especificidad que no contempla el psicoanálisis. Característica que introduciría particularidades  en cuanto al lugar y al deseo del analista.

El deseo del analista asegura un lugar y un modo de operar en la cura que garantiza de cierta manera el curso de un análisis evitando caer en un trabajo pedagógico o psicológico que tienen de entrada, como meta, un supuesto bien para el niño; una adaptación social o escolar que en consecuencia le darían al niño, un supuesto  bienestar. El psicoanálisis en el lugar del niño pone a un sujeto cabal, sujeto  susceptible de un análisis.

Cabal como lo sostiene el diccionario es sinónimo de justo, perfecto, acabado. Un niño es entonces sujeto de análisis en tanto que logra engancharse en un dispositivo de palabra; es decir, en tanto que logra ponerse en relación al lenguaje y representarse.

Con cada niño que viene a consulta nos  preguntamos: ¿quién está ahí?, ¿qué niño viene? Hay por lo general uno imaginado por los padres, ideal que sabemos no siempre representa lo que llamamos un ideal bueno, pues si hay algo que denuncia el psicoanálisis es que no se trata de moral lo que se juega en el deseo, sino lo que marca a cada sujeto en su organización y, en este caso lo que para cada  padre representa su ideal. Ideal del padre que  puede estar referido a que su hijo sea el mejor, el más capaz, o por el contrario a que su hijo ocupe el lugar de lo que no anda, que sea un deficiente, un anormal.

Hasta aquí el niño que traen los padres en su discurso, pero hay un más que es el niño que se nos presenta en toda su particularidad, y es justamente a ese niño al que tenemos que atender.

El análisis no puede tener otra meta que el advenimiento de una palabra verdadera y la realización por el sujeto de su historia en su relación con un futuro. (Lacan 1953)1

Algunos de los niños que llegan a nuestra consulta, llegan, porque no son como los demás niños. Ese es el punto de partida de la demanda de algunos padres. Pero justamente ese punto es ya una conclusión que  aparece en un momento determinado.

En un momento dado, los padres se ven confrontados generalmente por lo social, a admitir que hay un nudo que no se resuelve porque el llamado desarrollo normal no llega. A menudo ese recorrido puede quedarse ahí, y el tiempo trabaja pero en un movimiento que va en sentido contrario al de la integración, y la diferencia se petrifica en el sentido de una exclusión segregante, que a veces es una posición sin retorno.

Hoy quiero hablarles de uno de esos niños en el que hay una posibilidad de demanda dirigida a una analista. Esta posibilidad la tomamos ahí donde está; es decir, en la respuesta de la analista. El analista puede tomar esa respuesta como apuesta y recibir en el dispositivo analítico a un niño que no es para nada seguro que llegue a ser un analizante.

En este caso en particular hay  ausencia de una parte funcional del cuerpo que podría hacernos suponer de entrada, que la clínica no será de un intercambio de miradas.
Tiene 9 años cuando le veo por primera vez, se llama Pedro T. Su primer nombre se lo debe al padre, el segundo es una promesa que su madre le ofreció al Santo del que lleva su nombre si le hacía el milagro de salvarle la vida. Fue un niño prematuro que necesitó incubadora por 50 días y que dejó como secuela una Fibroplasia Retrolental que le dejó ciego. No hay restos visuales. Su única hermana 4 años menor, también fue prematura.

Estudia segundo grado en un colegio regular y es la psicóloga de la escuela quien le deriva. Por las tardes asiste a un centro para ciegos donde estudia Braille, lugar al que no le gusta asistir porque dice,  que no le gustan los puntos que le obligan a aprender. Los padres refieren que la consulta se debe sobre todo a que el niño presenta una serie de problemas que hacen que no entre en las normas de aprendizaje habituales. Se aparta del grupo por presentar lo que definen como: déficit en el movimiento y déficit en el aprendizaje, pero también dicen, se distingue por logros superiores, memoria prodigiosa y capacidad sobresaliente para la música y para discriminar sonidos. Fue diagnosticado desde los 3 años como autista y desde entonces se ha sometido a toda clase de terapias y atenciones especiales.

Desde el inicio del trabajo con Pedro resaltan ciertas características.

 1.- Si bien la ceguera no interfiere con el desarrollo físico si retarda la adquisición de ciertas habilidades, especialmente aquellas que dependen de la visión del semejante. Me atrevo a afirmar, que el efecto más serio de la ceguera es, en la restricción de movimientos y en torpeza motora.

2.- Los problemas de Pedro no son solamente deficitarios, hay un fuera de normas que nos llaman la atención. Me refiero al desencadenamiento en la exaltación de una motricidad sin freno, no habitada por la dimensión de la alegría; no hay ninguna sonrisa que venga a animar esa exaltación. Luego en la cura, cuando la risa acompañé a signos de excitación producidos por algo en sesión, podemos tomarlo como signo de un cambio en la posición subjetiva.

Bajo la denominación de blindismo se ha descrito un tipo de comportamiento psicomotor caracterizado por balanceos y giros estereotipados a veces rítmicos parecidos a algunos tics o actividades auto-mutilantes… Parece que en el niño ciego la experimentación del cuerpo a través de sensaciones cutáneas está hipervalorada… (Ajuriaguerra 1973)2

 3.- Otro rasgo a destacar es lo que algunos autores definen como problemas de frontera. Pedro tiene problemas en poner distancia, ponerse a distancia, en poner frontera entre su cuerpo y el cuerpo Otro.

4.- La forma de hablar de este niño es particular: monótona, lenta, alta y en donde no se escucha la dimensión de la pasión. La interrogación, la exclamación, la admiración no se perciben en ese monólogo constante, pareciera estar fuera de las pasiones que nos agitan permanentemente a los humanos, seamos niños o adultos.

En la primera sesión entra acompañado de su madre, no usa bastón, se sientan muy juntos. El niño mientras su madre habla juega con el pelo de ella, está muy quieto, apenas habla. Me llama la atención el pelo de la madre, tan largo. Dice sin preguntárselo que lleva siempre el pelo largo por Pedro, a él le gusta jugar con su pelo. Ella habla y habla y mientras tanto se deja acariciar, nada interfiere en este hacer de la madre y su hijo, no le mira, no hay mirada que ponga alguna distancia, solo se deja tocar el pelo.

Me pide que me siente cerca de ellos, pegada al niño: Debes acercarte para que te pueda tocar y conocer. Respondo que me conocerá poco a poco, de otra manera.
La mirada solo se nos presenta bajo una extraña contingencia, simbólica de aquello que encontramos en el horizonte y como tope de nuestra experiencia, a saber, la falta constitutiva de la angustia de castración. (Lacan  1964)3

Capturado en la trampa de los cuerpos el  niño no encuentra el límite de su lugar y de su cuerpo, ni la mesura que venga a oponerse a esa unidad. Más que otros niños los que padecen problemas físicos pueden encarnar un objeto de goce para el Otro. Tiempo de metáfora, de condensación, de plenitud del cuerpo, pero donde la brecha del significante mantiene la marca de la pérdida.

Todo proceso analítico se nos aparece como un trayecto de la metáfora a la metonimia, pero es necesario que la Metáfora Paterna esté presente desde el comienzo, y que el deseo del analista sea él mismo portador de ella. ( Leford Rosine 1983)4

Siempre dice, hoy canté, canté  Aluete. ¿Qué es Aluete Pedro?, pregunto. Mi mamá me lo cantaba de pequeño, su mamá lo cantaba siempre, ella era de Francia (la abuela materna). Usa Aluete para varias cosas, es una palabra que.  con  Chiripindá, Deja o Chapuchar pueden dar nombre a objetos muy diversos. Un día luego de varios meses de tratamiento dice: mira esto es también un  Aluete, señalando una choza, dime de qué está hecho este Aluete. De plástico, respondo. No, no, no,  qué va, no ves que  es de cartón, de paja como la de los indios vuelve a decir. Luego nos reímos, porque sabemos que las palabras también sirven para engañar, sabemos que se puede jugar con las palabras.

En las primeras sesiones siempre toma una cesta que tiene animales, los toca y los diferencia a pesar de ser  muy pequeños, sabe sus características, sus sonidos que imita muy bien, su sexo. La vaca es vaca porque tiene ubre. Siempre me sorprende con el saber que tiene del tiempo. Me pregunta la hora después de haberme dicho la que él supone que es. Falta poco para la merienda, ya me tengo que ir,  miro el reloj y me doy cuenta que efectivamente es su hora de merienda. Me asombra la capacidad de este niño de ubicarse en el tiempo, el tiempo es el tiempo de recorrido, el tiempo que se tarda en decir algo, hacer algo, el tiempo que se tarda en alcanzar un espacio. El concepto de espacio por ende en la medida que se relaciona con el tiempo. Tiempo medida por agotamiento de algo, como fin de algo, como sucesión de acontecimientos hasta llegar a un fin. Vemos aquí claramente no solamente los conceptos de espacio-tiempo, sino también de presencia-ausencia, vida y muerte.

Pues el espacio geometral de la visión –aún incluyendo en él las partes imaginarias del espacio virtual, a las cuales, como saben, he dado mucha importancia- un ciego lo puede perfectamente reconstruir, imaginar… la perspectiva geometral es asunto de demarcación de espacio, no de vista. El ciego puede perfectamente concebir que el campo del espacio que él conoce, y que conoce como real puede ser percibido a distancia y de manera simultánea. (Lacan 1964)5
 
Lacan aclara que el ciego opera con la visión geometral; es decir, la visión situada en un espacio que no es, en su esencia, lo visual. Nos recuerda igualmente, que en la misma época en que la meditación cartesiana inaugura la función del sujeto se desarrolla una dimensión de la óptica que, para distinguirla la llamó geometral. Es una óptica que está al alcance de los ciegos. La perspectiva geometral es asunto de demarcación de espacio no de la vista. El ciego sabe pues concebir que el espacio pueda percibirse a distancia simultáneamente. Le basta aprehender una función temporal: la instantaneidad.

En una sesión y como producto de una supervisión le doy plastilina. Recuerdo aquel día a Pedro sentado, sin hablar, troceando y troceando la plastilina desparramándola por todas partes. Trozos y trozos que me hacían pensar en ese cuerpo despedazado del que habla Lacan. Cuando Francoise Dolto le daba a un niño plastilina le pedía que hiciese algo. Decía: despliega tu imagen del cuerpo, dónde estás tú, dime: ¿cómo lo sabes? Sabemos que la Sra. Dolto tomaba el término de imagen, como la imagen inconsciente no especular, imagen que es sobretodo relacional del lenguaje.

Un día al cabo de siete meses me dice: este perro no ladra, automáticamente respondo. Claro que si, los perros ladran. Luego capto y digo aprisa. No, no ladra, claro que no ladra, es plástico. Desde ese día en las sesiones que siguen comienza muy alegre con toda una suerte de acertijos. El elefante dice gorrín-gorrón, el perro dice miau, mamá Carabobo no dice yo quiero ser tu amigo, y se instala un juego con palabras en donde comienza a aparecer un niño ágil, atento y sobretodo pícaro, un juego  que a su decir es más divertido conmigo aunque su mamá también quiere participar y él se pregunta cómo podría, si ella no viene a consulta. También desde este momento comienza a usar el bastón que siempre había rechazado, simplemente un día se lo pidió a la madre diciendo que ya era grande para caminar solo.

Lacan en el discurso de Roma compara el placer que nos produce el juego de palabras con una satisfacción análoga a la que resultaría de una demanda que lograse significarse en el destinatario, exactamente tal como el emisor quiso que fuera escuchado, lo que en términos freudianos se reduce a afirmar que ese placer corresponde con el levantamiento de una represión.

Este lenguaje, respondiendo al voto lúdico que puede encontrarse en un aforismo de Lichtenberg, tiene un carácter universal de una lengua que se hace entender en todas las otras lenguas, pero al mismo tiempo, por ser el lenguaje que capta el deseo en el punto mismo en que se humaniza haciéndose reconocer, es absolutamente particular al sujeto.(Lacan 1953)6

Momento de transferencia de instalación del Sujeto supuesto a saber, que quiere decir que se ha instalado una suposición de saber afuera. Es desde este instante, el instante en que hace su aparición el deseo en el dispositivo, que podemos hablar de análisis.

El juego tiene una relación con el significante y con lo simbólico; por el juego advendrá en su expresión significante, aquello que del trauma no pasó a lo simbólico para repetirse indefinidamente, el juego remite al saber inconsciente, a lo inscrito por el discurso y el deseo del Otro.

En las sesiones que siguen aparecen gracias al juego, construcciones de la temporalidad, formas de jugar con la acción, con el verbo. Amar, reír, cantar, recorren el pasado y el futuro. Momentos que corresponden a un florecimiento de la actividad escolar tan precaria hasta entonces: hay interés en aprender esos verbos y desde entonces su hablar monótono comienza a tener tintes diversos, incluso tiene interés en aprender esos puntos que le van a dar, dice, compañía cuando está solo. En oportunidades el verbo amar acompaña a pequeñas historias cuyo personaje principal hace cosas conmigo: juega, vive, viene a trabajar. Construye en estas fantasías una escena en donde él es espectador de la relación de un personaje que él crea, conmigo.

En una de esas sesiones se sienta en el suelo con la cesta de los animales, está muy silencioso. En un momento extiende sus manos hacia mí, manos que recibo entre las mías, pone su cabeza en mis manos extendidas porque le estaban mirando, las huele, las besa y continúa con los animales. Es una sesión impresionante. Verle allí tendido a mis pies, ofreciéndose al Otro en esa sumisión.

Se convierte en objeto allí a mis pies y pide ser-visto, ser reconocido por el Otro, y para ello dolorosamente se recorta del Otro y cae, y al caer se hace con un objeto, se lleva la voz. La metonimia excluye al Otro como adhesión, el radio será objeto de su pérdida, algo del Otro, la voz. Es el Otro el que introduce en el llamado la dimensión de la significación, en la medida en que el Otro puede escuchar el llamado como algo que quiere decir otra cosa. Esto implica que el Otro suponga del lado del llamado un sujeto. Suponer que esas manos pedían, quieren decir algo, es suponer que es el signo de un sujeto que pide.

Este llamado que solo puedo captar porque le miro no es aquel sobar sin límites que la madre proponía al inicio, y que justamente sucede con un niño que por su déficit funcional hacía suponer un trabajo sin intercambio de miradas. Las personas que rodean al ciego –dice Diderot - les hurtan la mirada, y sin embargo: La visión es lo que guía la marcha del ciego.

Rosine Leford propone que la metáfora es el horror de estar pegado, de formar parte del cuerpo del Otro; la metonimia en cambio es distancia significante, proporciona el efecto de desprender al niño de una proximidad excesiva de lo Real de los cuerpos. En este sentido la metonimia abre el camino al deseo.

Desde esta sesión Pedro comienza a llevar una radio o un radio-casete, incluso los padres me comentan que está todo el tiempo en casa grabando voces. Son voces de él o de su familia, de gentes que le gustan, entre esas voces una se destaca. Rocio Durcal es mi favorita, tiene una voz con un brillo –dirá- con un color que me  gusta. A menudo acompaña con el teclado, que toca con mucho oído y pocas clases, esa voz que tanto le gusta, un día me dirá: sabes hay algo de ti que se parece a Rocio Durcal, cuando hablas a ratos, hablas como ella.

En esta etapa siempre tiene miedo de que se le acaben  las pilas, le horroriza quedarse sin su radio; dirá lo complicado que es todo esto porque en la calle no puede enchufarlo, si las pilas se acaban es terrible y por eso pide una y otra vez que le compren  las mejores, las más duraderas. Esta angustia es  en ocasiones es tan dramática que corta toda risa, todo júbilo en sesión.

La voz no es especularizable, se dirige al sujeto y lo llama, y al constituirlo le imprime la marca del Otro. El Otro le llama y le marca y en ese momento algo del deseo se cuela. De los cuatro objetos el seno y la voz son objetos del Otro, objetos separables del cuerpo del Otro causa del deseo del sujeto. La voz incluso introduce la noción de distancia, sale de un agujero del Otro. El mundo exterior comienza en el Otro, allí donde lo Real y el significante se encuentran en el cuerpo de éste, sobre todo allí donde el significante nace de la transformación de lo Real porque el Otro habla, pero también porque al escuchar su palabra el niño se la devuelve. El Otro nombra y el niño responde.

Al cabo de un tiempo, un día viene muy acelerado y cuenta que tuvo una pesadilla. Soñé con un caballo que hacía Hi-Hi-Hi, el sueño era muy largo (carácter angustiante del sueño), duró 1,2,3,4,5,6,7, demasiado largo. El caballo era muy grande y muy peleón con la vaca, la pateaba y trataba de asustarla con su Hi-Hi-Hi, yo tenía miedo, mucho miedo, el caballo podía darme patadas.

Escuchando el sueño de Pedro recordé a La Piggle contándole a Winnicott su sueño: una  noche tuve un mal sueño. Cerré los ojos. Vi un hermoso caballo, se llamaba Stallion. Tenía oro en las orejas y en la crin. Es tan hermoso. Oro, lindo oro brillante (puso sus manos entre las piernas). El hermoso caballo  venía y pisoteaba el trigo. Winnicott le dice: estás describiendo una imagen de papá sobre mamá haciendo bebés. ¿No es acaso la construcción de una teoría sexual infantil?

¿Qué le dices a Javier si él dice que quiere matar a papá? Es horrible se contesta, muy feo, eso no lo hacen los niños. Pero lo piensan –digo-. Si, no se le pueden decir cosas feas al padre, se le pide disculpas. Cuando uno le dice cosas feas al padre como te mato, te odio, entonces llega el padre y le pega a uno, no muy duro, pero me duele que me pegue en el corazón. Mi papá me pegó y me desenchufó el grabador y el techado.

Pedro trae hoy arcilla y me dice al entrar que él quiere hacer una gallina, rechaza todos los moldes que trajo de su casa y comienza a modelar. También tomé un gran pedazo de arcilla y comencé a darle formas. Al inicio era todo un patuque y recordé aquella sesión con la plastilina, luego Pedro se ordena y comienza a hacer gusanos, palpa y disfruta enterrando sus dedos en la arcilla; es una tarde soleada y calurosa y la arcilla fresca y suave provoca. Toma entonces un pedazo grande y lo aplasta y mientras pone cosas aquí y allá dice: Este es el pico, y aquí están las patas, y mientras hace con la arcilla pregunta: ¿cuál fue el principio de todo? El punto contesto. Y de allí  - dice él- una línea que sigue y sigue y sigue. ¿Y cuál fue el primero de los círculos? El uno, digo. ¿Y quién lo hizo?, -se contesta- , Dios.

El ciego es capaz de dar cuenta, de construir, imaginar, hablar, de todo cuanto del espacio nos procura la visión. (Lacan  1964)7

Todas estas preguntas surgen mientras del pedazo amorfo aparece una gallina con patas, pico, cresta y alas. Eso es una gallina para Pedro, y mientras la crea se recrea preguntando por el comienzo, por lo finito y lo infinito, por la vida y la muerte. ¿Y si alguien se muere ya no está? No, no está –digo- Ni estará nunca sigue él. No, solo en el recuerdo –contesto-. Después hizo un movimiento brusco en la arcilla e hizo un hueco. Ya terminé dijo, este es el huevo. ¿Quién fue primero el huevo o la gallina? Pregunta del origen formulada después de haber logrado la unidad.

En la génesis del yo y en su diferenciación del Ello, parece haber actuado algún otro factor distinto de la influencia del sistema P. El propio cuerpo, y sobre todo la superficie del mismo, en un  lugar del cual pueden partir simultáneamente percepciones internas y externas…- Y luego dice- El yo es ante todo un ser corpóreo y no solo un ser superficial, sino incluso la proyección de una superficie. El yo deriva en último término de las sensaciones corporales, principalmente de aquellas producidas en la superficie del cuerpo, por lo que se puede considerar al yo como una proyección mental de dicha superficie, y por lo demás, como ya hemos visto corresponde a la superficie del aparato mental. (Freud 1922)

Al cabo de algunas sesiones cuenta un sueño: sabes, ayer soñé con un caballo, un caballo que hacía Hi-Hi-Hi-, se llamaba Nacho, Hi Nacho. Era un buen caballo, corría bien, era bueno, no daba patadas. Me gustaba ver en el sueño como corría y se alejaba tranquilo. Eso era un sueño Pedro -pregunto-. Sonríe y dice, deja, deja, no, no es un sueño, es una fantasía. ¿Y qué es una fantasía Pedro? Un sueño sin dormir, responde.

¿Nacho es Pedro y si es así este es el principio de un final? Pregunta que se podría intentar responder en otra ocasión.






Bibliografía.


1.- Lacan. J, Función y Campo de la Palabra y del Lenguaje. Escritos 1. Siglo XXI,
     p   290.
2.-De Ajuriaguerra. J, Manual de Psiquiatría Infantil. Toray-Mason, p 475
3.-Lacan. J, Seminario 11. Los Cuatro Conceptos Fundamentales del Psicoanálisis.
    Paidos, p 81.
4.-Leford. R, Nacimiento del Otro. Editions du Seuil, p 379.
5.-Lacan. J, Seminario 11, p 93
6.-Lacan. J, Función y Campo de la Palabra y del Lenguaje. p 282.
7.-Lacan. J, Seminario 11, p 99.
8.-Freud. S, El yo y el Ello. Biblioteca Nueva, p 2709. Tomo 3.
9.-Carta de Diderot “Sobre los ciegos, para uso de quienes ven”.




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